viernes, 20 de abril de 2007

Nuevos y viejos inversores ángeles: quiénes son, quiénes pueden ser y para qué sirven


COLEGIO MARIA DOLOROSA – FRANCISCO JAVIER
BACHILLERATO EN ADMINISTRACION DE EMPRESAS
AREA DE PROYECTOS EMPRESARIALES
MATERIAL DE TRABAJO

Nuevos y viejos inversores ángeles: quiénes son, quiénes pueden ser y para qué sirven
Por Roberto Sansón Mizrahi

Los financiadores se constituyen actores como económicos de la mayor importancia, también para economías emergentes. En general son personas con cierto patrimonio y conocimiento del mundo de los negocios, que saben reconocer buenas oportunidades de inversión y actúan en consecuencia. Es decir, cuando un empresario o pequeña empresa posee un determinado potencial de crecimiento, pero para poder concretarlo necesita de cierto capital del que no dispone, puede acudir a estos financiadores para proveerse de los recursos que le permitan acceder a una fase ulterior de desarrollo. Como contraprestación, financiador puede participar de los resultados del negocio en una proporción que se define de común acuerdo caso por caso.

Los financiadores invierten recursos financieros en la nueva idea o propuesta de inversión, pero también tiempo y conocimiento acerca de cómo desarrollar mejor el negocio. No son inversores pasivos, sino que se involucran en el desarrollo del negocio en un balance a veces difícil de administrar; porque, por un lado, deben respetar y alentar la gestión del empresario ya que ése es el sustento de su apuesta económica. Pero, por otro lado, como los recursos del financiador están en juego, trata de aportar el mayor valor agregado posible para asegurarle al empresario mejores condiciones de operación y éxito. A veces es sencillo apuntalar al empresario sin afectar su gestión; otras veces los límites se desdibujan y el financiador llega a asumir, forzado por las circunstancias o debido a su propia personalidad, un rol cada vez más protagónico. En todo caso, los financiadores son un importante recurso para atender la fase inicial de una empresa o un proyecto de expansión de una empresa existente. Son parte de una diversidad de posibles fuentes de financiamiento de la pequeña inversión.

El financiamiento de pequeñas inversiones en economías emergentes

La fuente de financiamiento de pequeñas inversiones más utilizada es la de los familiares y amigos que aportan sus ahorros para que el empresario pueda expandirse o comenzar a operar. Una segunda fuente, utilizada para encarar la expansión de un negocio, es financiar la inversión con los recursos generados por el propio negocio o con crédito de entidades financieras. Una tercera fuente muy escasa es, financiadores sociales. Una cuarta fuente es la de los fondos de capital de riesgo, cuando existen. Una quinta fuente es la de los fideicomisos o fondos de inversión orientados a pequeñas y medianas empresas (pymes). Una sexta fuente, de uso muy restringido en las economías emergentes, es la de la Bolsa de Valores a través de la oferta pública de acciones u otros instrumentos de financiamiento de la inversión.

Nótese que el grado de formalidad-informalidad varía según la fuente de que se trate. El aporte de recursos de familiares y amigos es el más informal de los instrumentos. En muchos casos ni siquiera existe un contrato firmado entre las partes.

La confianza es la base de la participación.

Ya cuando se acude a financiadores es necesario formalizar acuerdos, estipular formas de relacionarse y el acceso a información y a decisiones claves. Si bien el financiador suele adaptarse a las circunstancias culturales del empresario y de su iniciativa, de todos modos exige explicitar las principales variables estratégicas en un sencillo plan de negocios. Sus exigencias de formalidad no son tan altas como la de los fondos de capital de riesgo, que constituyen una forma para que el empresario y los propios financiadores logren apalancar su inversión original.

Los fondos de capital de riesgo tampoco son inversores pasivos y agregan valor a través de su red de contactos y del conocimiento de cómo estructurar y operar negocios. En algunos casos los fondos de capital de riesgo sirven de salida para los financiadores (venden su parte y realizan eventualmente su ganancia). Pero, en otros casos, ellos se mantienen en el negocio apostando a un beneficio aún mayor en el futuro.

A su vez, los fondos de capital de riesgo pueden decidir mantenerse o salirse a medida que el negocio crece más allá de ciertos umbrales. Harán su cálculo y procederán en consecuencia. Una oportunidad se les presentará cuando el negocio se hubiese consolidado lo suficiente para tornarse atractivo para que otras empresas mayores o un fondo o fideicomiso de inversión se interesasen en participar. Allí podrán desembarcarse de la inversión y realizar su ganancia o, alternativamente, decidir acompañar hasta una fase ulterior.

En general como los fondos de capital de riesgo se involucran muy directamente con la gestión del negocio, no siempre es fácil la coexistencia con financiadores que también desean incidir en la gestión. Pero habrá que ver caso por caso si existen grados de complementariedad entre los diferentes tipos de inversores y la voluntad de los nuevos inversores de adquirir la participación de sus predecesores.

Son pocos los casos en que una pequeña inversión exitosa desemboca en una oferta pública de acciones en la Bolsa de Valores. Sin embargo, es una meta que no debiera descartarse para aquellos emprendimientos de mayor potencial. Obviamente que serán casos muy especiales y representarán una muy baja proporción del universo. En ningún caso esta fuente financia las fases iniciales de una pequeña empresa.

Con lo anterior como contexto, ¿quiénes entonces son hoy financiadores y, muy especialmente, quiénes otros podrían emerger como tales?

Los financiadores existentes y sus condiciones de operación.

Lo más probable es que los financiadores que hoy existen sean individuos con experiencia empresarial que lograron vender sus empresas o participaciones en las empresas que gerenciaban. Con ese capital y su conocimiento del medio y de los negocios se dedican a identificar buenas oportunidades de inversión en las que, con su participación, estiman podrán hacer diferencias significativas.

Para ello exploran un sinnúmero de opciones antes de decidirse a invertir. Sustentan su evaluación del negocio en las circunstancias del mercado y el mérito del caso específico que consideran. Un factor importante es siempre la capacidad, la determinación y la credibilidad del emprendedor que conduce la iniciativa.

El rol crítico del financiador es que viabiliza con su participación nuevas iniciativas empresariales; sin su participación muchas de esas iniciativas podrían no materializarse o lo harían en más difíciles condiciones. En ese sentido el financiador es un catalizador de iniciativas: no es quien las inicia y gestiona, pero es quien ayuda a viabilizarlas exitosamente. Como en todos los campos de la vida hay muchos tipos de financiador, desde quienes realmente agregarán valor conmensurable con sus expectativas de compensación hasta quienes buscarán apropiarse de la mayor parte de lo que el negocio genere esterilizando sus posibilidades de ulteriores desarrollos.

En los países del norte existe un gran número de financiador, al igual que todas las demás fuentes de financiamiento de pequeñas inversiones. En esos países quienes inician o expanden un negocio tienen frente a sí un gran número de opciones a las que acudir. No es el caso de quienes pretenden hacer lo mismo en economías emergentes.

En el país toda esa red institucional de apoyo es mucho más frágil, si es que existe. No son pocos los casos donde los empresarios deben batallar por su cuenta y sin ningún tipo de apoyo de terceros. Más aún, con frecuencia la legislación los hostiga con regulaciones y exigencias muy difíciles de cumplir, con lo cual se ven forzados a desempeñarse en la informalidad.

Los financiador tampoco son reconocidos como importantes actores catalíticos. A lo sumo son ignorados; desconocemos casos donde hubiesen sido alentados fiscal o crediticiamente. En esas circunstancias es difícil que más o mejores financiador puedan cumplir a cabalidad su función catalítica.

De ahí que destaquemos la necesidad de alentar la emergencia de un activo segmento de financiador. Se abre aquí un espacio para la actuación promotora, tanto del sector privado como del Estado, ayudando a desarrollar el involucramiento de más personas dedicadas a invertir en emprendimientos productivos. El sector privado puede hacerlo promoviendo la creación de redes de financiadores [1] y el Estado a través de establecer regulaciones operacionales e impositivas que alienten la acción de los financiador.

¿Nuevos financiador?

Si bien la función de aportar inversión a un emprendimiento productivo es tan antigua como lo es el mundo de los negocios, la versión contemporánea asociada con la figura de los financiadores tiene una trayectoria más corta. Sin embargo, siendo tan crítico su rol de catalizador económico la pregunta a formular es si ese espacio de actividad no podría enriquecerse con la emergencia de una nueva generación de participantes.

Hoy por hoy los pocos financiador que se reconocen como tales son personas con experiencia y conocimiento profesional, ex empresarios, gerentes, consultores, auditores, etc., que lograron hacerse de un cierto patrimonio y están dispuestos ahora a movilizarlo invirtiendo en un portafolio diversificado de pequeñas inversiones. Sin duda que muchos más individuos de esas mismas características podrían devenir en financiadores.

Por un lado necesitarían tomar conciencia de que ésta es una profesión en sí misma, con una incipiente pero cada vez más aceptada credibilidad social, y con interesantes perspectivas de retorno económico. Si bien toda inversión implica riesgos, la apuesta es que esos riesgos puedan ser acotados a niveles aceptables de mediar un activo esfuerzo de acompañamiento al empresario.

Una pregunta aún más audaz es si otros actores que hoy no incursionan en el ámbito de los financiadores podrían llegar a hacerlo. ¿Quiénes serían esos otros actores? En principio organizaciones que pudieran reunir algunas o todas las características de los financiador. Por ejemplo, organizaciones de desarrollo de base empresarial, es decir ongs, fundaciones, institutos universitarios o programas especiales interesados en la generación de empleo y actividades productivas. No son hoy financiadores, pero podrían serlo.

Está claro que existe el riesgo de la improvisación y del pobre conocimiento del mundo de los negocios por parte de los nuevos actores devenidos en financiadores. Es posible que aquéllos sin experiencia y trayectoria en el mundo de los negocios incurran en más errores de apreciación y asesoramiento. Pero también es cierto que el universo de los financiadores no puede ser un club reservado sólo para iniciados, cerrado a otros que deseen aportar lo suyo.

¿Cómo resolver esa tensión entre convocar la experiencia de negocios sin cerrar las puertas a otros actores y fuentes de capital interesadas en participar? Como en muchas otras situaciones similares: asociando voluntades complementarias. Por un lado aquellas personas con la experiencia empresarial, financiera, legal necesaria y, por otro, a todos aquéllos que puedan aportar motivación, capacidad de gestión, contactos, capital y valores de responsabilidad social.

Esto es, se podrían conformar organizaciones de desarrollo de base empresarial para que cumplan el rol de verdaderos y efectivos financiadores. Esas organizaciones reunirían en su seno la experiencia de negocios de algunos con la capacidad de otros de movilizar recursos, abrir puertas y asistir técnicamente y en gestión.

Este tema es lo que se denomina la responsabilidad mesoeconómica de los empresarios[2]. Sería el caso donde empresas líderes de tramas o redes productivas facilitasen la emergencia de financiadores (personas u organizaciones) para que acompañen el desarrollo de su sector. De esta forma, quienes lideran o promueven cadenas de valor o “clusters” productivos buscarían atraer financiadores para que inviertan en los diferentes eslabones de esas cadenas de valor. Con ello reforzarían la capacidad productiva del cluster mejorando su productividad.

Si esos financiadores existen en la medida necesaria, el esfuerzo se concentraría en atraerlos a las oportunidades de inversión. La conformación de una red de financiadores auspiciada por quienes lideran cadenas complementarias de valor podría ser un buen instrumento para ello. Si no existiesen los financiadores, el esfuerzo se orientaría a conformar organizaciones que inviertan como si fuesen financiadores para lo cual deberían contar con capital, buen gerenciamiento, capacidad para evaluar oportunidades de inversión y para agregar valor en la fase de acompañamiento de la inversión ya realizada.
Una nueva generación de instituciones económicas.

En definitiva volvemos sobre un tema sobre el que Opinión Sur ha venido trabajando desde tiempo atrás. Se trata nada más y nada menos que de dar paso a una nueva generación de instituciones, organizaciones e instrumentos económicos que se acomoden a las necesidades y circunstancias de nuestros países del Hemisferio Sur.

Si bien los negocios en un mundo crecientemente globalizado tendrán que aceptar ciertos comunes denominadores independientemente del lugar del planeta en el que se desarrollen, también habrá que hacer valer peculiaridades y diferencias propias de sociedades que aún buscan estructuras productivas y sociales más balanceadas.

¿Qué estamos diciendo con esto? Muchas cosas, pero dos en especial.

Primero, que no es lo mismo el rol que juega un negocio, empresa o inversión en un país de economía consolidada que en un país de los llamados mercados emergentes. En países de economías ya consolidadas cada nueva inversión juega dentro de estructuras que, si bien también están sujetas a permanentes cambios, en esencia posibilitan y hasta facilitan el normal desarrollo de los negocios. En cambio en los países del Hemisferio Sur los sistemas económicos requieren de importantes transformaciones estructurales para poder servir a su población y resolver temas básicos de masivo desempleo, de pobre movilización y asignación de recursos, de serios desbalances en sus cuentas externas, de desarrollo tecnológico y educativo, entre muchos otros. De ahí que, al mismo tiempo que apuntan a obtener un adecuado retorno, las nuevas inversiones están llamadas a acompañar el propio proceso de transformación estructural del sistema dentro del que operan.

Segundo, que tampoco es lo mismo lo que se le ofrece de apoyo a un negocio, empresa o inversión en nuestras economías emergentes. Dado que no tenemos disponible en las economías emergentes toda esa dotación de instrumentos y mecanismos de apoyo a la inversión productiva que existe en las economías ya consolidadas, debemos explorar otras formas organizativas que posibiliten ese respaldo. Los mercados generan ahorros que se orientan a la inversión a través de una variedad de actores e instrumentos. Si en nuestros países del Hemisferio Sur no disponemos de una buena dotación de inversores ángeles, de desarrolladoras de negocios, de fondos de capital de riesgo, de fideicomisos o fondos de apoyo a la inversión productiva, de bolsas de valores capaces de capitalizar pequeñas y medianas empresas, etc, etc, entonces más vale que comencemos a pensar seriamente cómo alentamos que esas funciones puedan también ser bien cubiertas en nuestros países. En algunos casos se podrán desarrollar -con ajustes locales- similares instrumentos de apoyo a la inversión que los que están vigentes en las economías ya consolidadas; en otros casos convendrá explorar, en cambio, fórmulas propias para canalizar ahorros, conocimientos, gestión, contactos y demás factores imprescindibles para asegurar una vibrante y más equilibrada economía.

Es en ese contexto que Opinión Sur promueve la conformación de una batería de nuevas instituciones económicas, incluyendo las desarrolladoras de negocios comunitarios, los fondos locales de apoyo a la inversión productiva y, ahora también, las redes de viejos y nuevos inversores ángeles. No se adelanta lamentando simplemente todo lo que nos falta en materia de sistemas de apoyo al inversor; de lo que se trata es de proveernos de los instrumentos que necesitamos, utilizando para ello una buena combinación de conocimiento convencional y de innovaciones locales. En eso estamos.

[1] Redes de Inversores Ángeles para la Región Centro de Argentina. Opinión Sur # 22
[2] Crear trabajo para enfrentar la pobreza y fortalecer la gobernabilidad democrática: es posible si logramos realinear intereses y valores.; Opinión Sur # 22 y Movilización productiva para absorber desempleo y subempleo: la responsabilidad macroeconómica y regulatoria del sector público y la responsabilidad mesoeconómica de los emprendedores; Opinión Sur # 21


REPRODUCIDO POR:
ORLANDO URIBE BUITRAGO
Profesor de proyectos

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