lunes, 19 de octubre de 2009

METÁLOGO: ¿CASTIGAR LAS MENTIRAS?

La Etica y el mundo empresarial

METÁLOGO: ¿CASTIGAR LAS MENTIRAS?

4 de Septiembre de 2009

AGUSTIN ANGARITA LEZAMA*


Tomando en cuenta lo propuesto por Gregory Bateson, un metálogo es una conversación sobre algún tema problemático. Esta conversación debe permitir que los participantes discutan efectivamente el problema y la estructura de la conversación en su totalidad debe ser pertinente al mismo tema.

HIJA: ¿Papá, siempre se debe castigar la mentira, la simulación y el engaño?

PADRE: ¿Qué quieres decir con castigar, y con siempre?

H: Bueno, cuando la gente realiza actos no permitidos, es común que, después de regañarla o llamarle la atención, se le aplique una sanción o un escarmiento, para que no se vuelvan a repetir. Esto debe hacerse permanentemente, es decir siempre.

P: ¿Quieres decir que la mentira, la simulación y el engaño nunca están permitidos?

H: Si. Eso creo.

P: Te pongo un ejemplo. En el básquetbol un jugador lleva la bola y simula o amaga que va a lanzarla, luego hace una finta para eludir al contrario que quiere quitarle la pelota y encesta. ¿Crees que se debe penalizar a esta persona por engañar o simular?

H: ¡Papá, no exageres! El básquetbol es un juego y en él, eso está permitido. La vida es un asunto serio no un juego.

P: ¿Me estás diciendo que en el juego está permitido la trampa, la simulación y la mentira? Además, si una cosa es la vida y otra distinta es el juego, ¿por qué algunos dicen: póngale seriedad al juego, y otros, no se tomé tan en serio la vida?

H: Mira papá, las reglas de un juego establecen las cosas que están permitidas y las que no. Existen ciertas simulaciones y amagues que se permiten, porque no son dañinos, no entorpecen el juego.

P: ¿Me estás diciendo que hay mentiras grandes y mentiritas y que estas últimas son pasables y permitidas? ¿Algo así como engaños de primera y de segunda clase?

H: Me dejas pensando, papá. En el fútbol si un jugador engaña simulando una falta lo castigan, pero si engaña a otro con una gambeta o una pirueta, el público lo premia con el aplauso y lo convierte en ídolo. El engaño sería malo por un lado y bueno por el otro. Y también me aturde eso de la seriedad enfrentada con el juego. Estoy confundida.

P: Hija, es que la vida no es simplemente un asunto de blanco o negro. Se que muchas cosas de la realidad son miradas como si sólo fueran posibles dos opciones que además, serían excluyentes. Piensa en esto: todo juego involucra la seriedad y toda la seriedad necesita la alegría del juego.

H: Entonces, las cosas y los hechos no serían ni buenos ni malos.

P: Los hechos y las cosas simplemente son, ocurren, están. Un asunto puede ser bueno y defendible para una persona y el mismo asunto, ser malo y detestable para otra. Entonces, lo que difieren son los puntos de vista.

H: Papá, pero las leyes, los reglamentos, las normas y, por ejemplo, el manual de convivencia de mi colegio, establecen penas y castigos para los infractores.

P: Es verdad. Pero se debe mirar cada caso en particular, no se puede aplicar sin ningún reparo el castigo que ordena la norma, porque se cometerían injusticias. Como los actos no son ni buenos ni malos en si mismos, se tiene que ver en qué condiciones ocurrieron y las circunstancias que los acompañaron para poder emitir un juicio, y aún así, se puede estar equivocado.

H: No es tan fácil ser juez de los actos de la gente.

P: Como todo en la vida. Es fácil y difícil a la vez. Depende de cómo los mires.

H: A mi me habían enseñado que la mentira nunca era buena, que siempre era mala. Y ahora, me pones a dudar.

P: Me encanta que seas capaz de dudar. Los convencidos, los que creen tener la verdad, son los que miran en blanco o en negro. No se dan ninguna otra oportunidad. Los que dudan, buscan, y los que buscan pueden encontrar. La vida es una permanente búsqueda.

H: ¿Y cómo hace una para saber si actúa con justicia o no?

P: Hija mía, eso es otra historia. La conversamos después.



* Director del Observatorio de Paz y Derechos Humanos de la Universidad del Tolima

Documento reproducido por: Clauida Ines Rodriguez y Orlando Uribe B.

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